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Uno de los asuntos que más han influido en mi camino de crecimiento personal ha sido la actitud. La vida, una cuestión de actitud.

No estoy refiriéndome a esa actitud que hoy en día está tan de moda “sonríe y el mundo te sonreirá” o “si quieres puedes” etc. De hecho este tipo de frases genera personas que creen que con su actitud todo se supera y que va a poder conseguirlo todo, como si a veces no surgieran imprevistos, como si en la vida no sucedieran cosas que no nos agradan.

Resulta que en la vida no sólo existe lo bonito, si no que también existe lo doloroso y desagradable. Y creer lo contrario nos posiciona en una actitud infantil deseando (y no aceptando) que no exista el dolor.

Este tipo de actitud no te acompaña a sostener y transitar la frustración, si no todo lo contrario.

Si te interesa aprender sobre el tipo de actitud del que te hablo, sigue leyéndome 🙂

A la actitud que me refiero es precisamente aquella que sabe que van a seguir sucediéndole cosas que no le agradan o que le duelen y que depende de ella o de él cómo las gestiona.

Puedes sentir que eres un sujeto pasivo al que le pasan cosas que no puede controlar y que le devastan emocionalmente por dentro y por fuera. 

O puedes optar por ser un sujeto activo.

¿Esto qué significa, Ana?

Ser sujeto activo

Ser un sujeto activo de tu propia vida y de tu propio proceso personal, significa que a pesar de que te estén sucediendo cosas desagradables o dolorosas, o sientas que estás atrapada en el mismo bucle de siempre, decidas hacer algo con ello. Te seguirá doliendo, sentirás que no puedes más, que quieres estar bien y muchas cosas más, puesto que el dolor no desaparece. No obstante, puedes decidir darte cuenta que te está pasando “eso”. 

Y cuando digo que te des cuenta que te está pasando “eso”, lo que te estoy proponiendo es que tomes conciencia de cómo estás, de lo que te está pasando, de cómo lo estás viviendo, de qué agentes hay implicados en la situación, etc. con el único objetivo de que puedas decidir qué actitud y posición tomar ante la situación que estás viviendo.

Esto es un cambio radical puesto que no es lo mismo sentirse víctima de una situación dolorosa, que sentir que puedes darte cuenta de lo que está pasando para decidir hacerlo distinto. Y esto muchas veces no quiere decir que la situación no sea, y permíteme la palabra, jodida.

No no, la situación será jodida igual. No obstante, sentir que tienes poder de decisión sobre ti misma, sobre cómo estás, sobre cómo te posicionas, sobre cómo lo gestionas…es un CAMBIO en mayúsculas.

¿Y por qué es un cambio?

Ahora verás por qué. Te voy a poner un ejemplo:

“Imagínate que vives en una familia en la que siempre te han infravalorado, nunca te han apoyado, y es más, creen que te lo han dado todo y cuando tú reclamas tu espacio o reivindicas que no está siendo sencillo para ti, se ríen delante de ti. Además esta situación no es puntual, si no que en realidad la has vivido durante toda tu vida, hecho que te genera una autoestima muy baja, poca capacidad de tomar acción, poca confianza en ti mism@, dificultad en gestionar tus emociones, poca confianza en tus capacidades y un largo etcétera.”

Si estuvieras viviendo esta situación podrías tener dos tipos de respuestas:

  • Respuesta A: Yo lo intento pero es que mi familia siempre me trata igual de mal. Cosa que intento hacer distinta, ya me dicen algo y me quitan toda la ilusión. No puedo salir de este bucle. Me desinflo. Si no cambian, no voy a poder salir de esta.
  • Respuesta B: Estoy cansada de esta situación y sé que ellos no van a cambiar. Aunque me gustaría recibir su apoyo, sé que estar esperándolo siempre no me va a ayudar. Me duele que me traten así, y la verdad que sigo necesitando su apoyo, pero quiero estar bien y salir de esta y sé que si los escucho voy a seguir cómo estoy hasta ahora. Decido tirar adelante con la intención de no prestar tanta atención a sus comentarios desagradables y de maltrato emocional.

Y sé que ahora me dirás que no es tan sencillo.

Te doy la razón. No lo es.

No lo es porque optar por la respuesta B, difícilmente se puede hacer sin proceso personal terapéutico.

Lo habitual es que nos quedemos enganchadas o enganchados en nuestra propia historia familiar. 

Todas las personas hemos vivido situaciones complejas en mayor o menor medida. El asunto es cómo decidimos salir de ahí.

En mi consulta privada de acompañamiento emocional este es un asunto bastante habitual.

Tu historia de vida

Podemos estar durante meses trabajando la propia historia vital y dar muchos pasos adelante, tomando conciencia, aprendiendo sobre gestión emocional, entendiendo lo que nos ha sucedido, aprendiendo a estar más presentes, y un largo etcétera. No obstante, hay un momento en el que la persona acompañada se encuentra en una encrucijada: seguir con el mismo patrón de respuesta ante las situaciones dolorosas o usar esa consciencia para escoger nuevos caminos aunque duelan y eso implique, a veces, alejarnos (internamente, externamente o ambas) de aquello que nos hace daño.

Este momento es un momento difícil puesto que tomar esta actitud implica crecer internamente de golpe. Dejar atrás la culpa, el sentimiento de ser víctima de la situación, el sentir que no puedes hacer nada… Tu parte adulta coge a tu parte niña, la abraza y le dice al oído “ahora yo te cuido, ahora podemos avanzar”. Es un acto psicomágico en el que decides hacerte cargo de ti misma, de ti mismo, aunque lo de fuera siga siendo doloroso. Tú te acompañas y miras hacia la vida. 

Y esa es la fuerza, que a pesar de las adversidades, te empuja hacia adelante.

A pesar de que tu familia (o la imagen que tienes de ella) siga quitándote fuerza e ilusión, a pesar de que te desinfle.

Esta es la verdadera magia de la terapia o del acompañamiento emocional. Poder hacer este cambio interno.

No es sencillo, puesto que debe comprenderse bien el lugar desde el que se hace.

No se está negando la dificultad, ni el dolor, ni lo vivido, ni que sea difícil seguir adelante sin haber sentido la fuerza de tu propio sistema familiar.

Decir sí a la vida

Lo que se está afirmando son tus ganas de vivir, a pesar de lo doloroso.

Eso es lo que se afirma. Un SÍ a la vida en MAYÚSCULAS.

Y este paso se puede hacer cuando has mirado tu propio dolor, cuando has podido sentirlo y expresarlo en compañía de alguien que te sostenía. Alguien que te ofrecía un espacio de escucha atenta y amorosa. Un espacio donde has podido establecer una relación de confianza sanadora. 

Esa relación sanadora la puedes trasladar a ti misma, a ti mismo. Y desde ese lugar, sí puedes escoger otros caminos.

Es por eso que escoger ser un sujeto activo de tu propia vida no es una decisión meramente cognitiva. Es un proceso emocional. No es rápido, ni sencillo, pero es un proceso por el que hay que pasar para poder sentirte dueña o dueño de tu propia vida.

Si este proceso ha resonado en ti, no dudes en escribirme y estaré encantada de responderte y conocernos.

Ojalá decidas emprender este viaje.

Un abrazo