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Tengo miedo a equivocarme.

¿Cuántas veces te has quedado sin hacer nada por tener un miedo paralizante a pasar a la acción?

O quizás no has contactado con el miedo como emoción y estás paralizad@ por el hecho de querer buscar la mejor opción, perfeccionar tu proyecto, lo que quieres expresar, etc. Parálisis por análisis. Te excusas en que no quieres equivocarte, pero lo mismo es.

Seas del equipo que contacta con la emoción o del equipo que piensa y piensa escudándose en buscar la perfección o la acción sin error, este artículo te interesa.

Mi deseo es que al acabar el artículo salgas con más conciencia sobre cómo funciona el miedo en ti y qué puedes hacer para ir desbloqueandote.

El miedo es una emoción incluída dentro de las 4 emociones básicas.

Cuando había peligros constantes que nos abordaban por sorpresa, el miedo nos permitía protegernos y no morir.

Actualmente nuestros miedos son otros: llegar a fin de mes, sentirnos realizad@s, perder a un ser querido, tener un conflicto grande, etc.

La parte de nuestro cerebro que se activa con el miedo es la amígdala. Es la parte más primitiva de éste y al activarse entramos en modo alerta.

A veces son miedos reales y otras veces creados por nuestra propia mente.

El miedo sirve para protegernos, pero, ¿de qué?

Miedo a equivocarme

Definición (equivocación): Acción que no sigue lo que es correcto, acertado o verdadero (Wikipedia).

Si nos paramos a reflexionar sobre lo que significa equivocarse en realidad es un término bastante subjetivo.

Si pienso que me estoy equivocando es porque creo que hay algo correcto. Y, ¿quién determina lo que es correcto y lo que no?

La ley regula nuestra sociedad, sin embargo, en el ámbito personal quien determina lo correcto somos nosotr@s mism@s y nuestra historia de vida.

Por ejemplo: estoy insatisfecha a nivel laboral desde hace años y me sale una oportunidad que me llena de ilusión pero es inestable ya que no me ofrecen unas condiciones igual de buenas que las que tengo actualmente.

¿Pasión o estabilidad? 

Depende de tu modelo de creencias escogerás una opción u otra. También por tu historia de vida, lo que has recibido en casa etc.

Si vienes de una familia donde se ha valorado la estabilidad debido a que les ha costado mucho llegar a final de mes, tienes dos opciones: ser fiel al estilo de tu familia o rebelarte desde el enfado a esa contención.

Es decir, parte de nuestra escala de valores proviene de nuestros orígenes: nuestra familia. Seas leal a lo recibido de ella o te rebeles. Ambas son maneras de estar supeditado a lo que tu sistema familiar te ha transmitido.

La manera de ser libre en tu elección es revisar los patrones familiares y las creencias que subyacen en tu personalidad y manera de estar en el mundo.

Te propongo revisar la manera de funcionar de tu familia en estas grandes áreas de la vida: familia, trabajo, hogar, dinero, amor, gestión emocional, placer, amistad, ocio y tiempo libre, intereses, entre otros.

Haz un listado de las creencias relacionadas con cada una de estas áreas y plantéate si estás de acuerdo con ellas. También anota cuánta influencia sientes que tienen sobre ti y de qué manera te limitan a la hora de tomar decisiones y pasar a la acción.

Nuestros orígenes no tienen todo el peso de nuestra dificultad a la hora de gestionar el miedo a equivocarnos.

Me gustaría hablarte sobre la frustración.

¿Cuánta capacidad de gestión de la frustración tienes?

Más allá de las creencias que imperan en nuestro interior y sobre todo cuándo ya hemos tomado conciencia de ellas, el segundo factor importante a tener en cuenta es la capacidad de gestión de la frustración y/o sostén del dolor.

Cuando pasamos a la acción a veces acertamos y otras veces nos equivocamos.

Cuando acertamos todo es alegría y júbilo.

Cuando nos equivocamos lo que aparece es una voz tormentosa y enjuiciosa hacia nosotr@s mism@s; un automachaque muy elevado.

Vivimos queriendo evitar el dolor y esto es imposible.

Además tiene un factor perjudicial: nos volvemos poco tolerantes a la frustración y al dolor. No sabemos qué se siente y nos vamos volviendo torpes a la hora de gestionarlo. Como si fuera un músculo que va perdiendo fuerza.

Uno de los factores claves a la hora de tomar una decisión es poner la atención en aquello que hace activar la chispa de la alegría en tu interior. Ese es el motor de la decisión y de la acción siguiente.

Si finalmente no sale como esperabas, te dolerá porque lo deseabas mucho, pero no porque te hayas equivocado.

Cuando haces algo porque lo deseas con todo tu ser no hay equivocación, hay resultados favorables a tus deseos o desfavorables a éstos.

¿Ves lo diferente que es si pones el foco en tu deseo y no en el juicio?

Tomar esta actitud, desde la gestalt, se llama responsabilizarse de un@ mism@.

Asumo que quiero/me hace ilusión algo, voy a por ello después de valorar la situación y asumo las consecuencias de mis acciones.

Como siempre digo abiertamente, no nos educan en este tipo de responsabilidad y es por eso que vivimos con miedo a nuestras propias emociones, adict@s a la alegría y el disfrute, obviando la otra parte de la vida.

¡Equivócate y vive la totalidad de tu vida!